martes, 4 de abril de 2017

Carlos Fuentealba, PRESENTE, HOY 4 DE ABRIL Y SIEMPRE!



Por Susana Reyes



La escuela a la pertenezco lleva el nombre de Isauro Arancibia, maestro tucumano, que, como Carlos Fuentealba, luchó por la defensa de los derechos de los trabajadores de la educación, por la educación pública, por un país más justo.


Isauro era de Monteros, Tucumán, creció cercano al sufrimiento de los trabajadores rurales y junto con otros puso los cimientos para la construcción de la CTERA.

Carlos Fuentealba antes de maestro fue obrero de la construcción, un trabajador de base, también, como Isauro un constructor de sueños, de vida, de coherencia.




A Isauro, como a Carlos Fuentealba, lo asesinaron, necesitaron callarlo. Por qué mataron a estos maestros e hicieron desaparecer a otros como Marina Vilte, Roberto Cristina, Néstor Vicente y tantos más. Todos y todas ellos eran personas queridas por sus compañeros, por sus estudiantes, sus acciones enseñaban y nos siguen enseñando. Son ejemplo a seguir.


Hay algo en la vida de los maestros que ya no es lo mismo después de haber enseñado, porque llevan en sí lo que otros le dejaron. Su nombre cobija, desde entonces, muchos otros nombres, muchas otras palabras, muchos otros sueños.


A Carlos Fuentealba ya no le alcazaba el lugar de la escuela. El iba más allá del camino y de la ruta. En eso se parece a los pibes que estudian en el Isauro: conocen la calle, el afuera de la vida y ponen el cuerpo siempre. La intemperie no los asusta porque la transitan diariamente.

En ella crecen y se agigantan. Eso sí, no creen en la muerte; para ellos, sólo la irrefutable existencia.


Carlos Fuentealba como Isauro están presentes en el compromiso responsable que nuestros chicos y chicas tienen con la vida, cuando se hacen cargo de sus hermanos, de su familia, de salir a trabajar para buscar el sustento, de venir a la escuela…


Ahí están ellos, en el grito de bronca cuando tienen que pedir un edificio digno para su escuela ante la indiferencia de las autoridades de educación de la ciudad.


Están en el compromiso diario de cada maestro que elige trabajar en la escuela pública, con la firme convicción de que hay motivos para seguir construyendo una educación diferente y seguir luchando por los sueños que tuvieron nuestros compañeros de justicia y de educación para todos y todas.


Carlos e Isauro viven en las los gestos de amor y solidaridad que todos los días vivimos en la escuela.

Creyeron que con balas los callarían pero jamás calcularon que esas balas se transformarían en alas.


Estas que impulsan a chicas, chicos, maestros y maestras a soñar, a construir, a defender la educación pública, orgullosos de llevar su nombre y tratando de seguir su ejemplo.

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